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¿Que es lo significa “para mi”? – John MacArthur

Esta es una preocupación acceptable, a juzgar por las tendencias de los libretos devocionales, de debates de estudio biblico caseros, de literatura de escuela dominical, y de las predicaciones más populares.

La pregunta, “¿qué significa la Escritura?”, ha tomado un lugar secundario a la pregunta, “¿qué es lo que significa “para mí”?”

Al principio, la diferencia puede parecer insignificante. Sin embargo, nuestra obsesión con la aplicabilidad de las Sagradas Escrituras refleja una debilidad fundamental. Hemos adoptado el sentido práctico como el último juez del valor de la Palabra de Dios. Nos enterramos en los pasajes que se relacionan abiertamente con la vida diaria, e ignoramos aquellos que no.

En los comienzos de mi ministerio, hice un compromiso consciente a la predicación bíblica. Mi primera prioridad siempre ha sido responder la pregunta, “¿Qué significa este pasaje?”. Después de que haya explicado con la mejor claridad y precisión posible el sentido de la Palabra de Dios, es entonces que le exhorto a la gente a obedecerlo y aplicarlo a sus propias vidas.

La Biblia habla por sí mismo al corazón humano; no es mi papel como predicador tratar de fabricar a la medida el mensaje. Esa por esa razón por la que predico a través de libros completos de la Biblia, tratando cuidadosamente cada verso y frase -aunque eso signifique que en ocasiones tenga que dedicarle tiempo a los pasajes que no se prestan fácilmente a anecdótas o mensajes motivacionales.

Estoy agradecido con el Señor por la manera en que ha utilizado este enfoque expositivo en nuestra iglesia y en las vidas de nuestros radioescuchas.

Pero de vez en cuando alguien me dice con franqueza que mi predicación necesita ser menos doctrinal y más práctico.

La aplicación práctica es de vital importancia. No quiero minimizar su importancia. Pero la distinción entre la verdad doctrinal y práctica es artificial; doctrina es práctico! De hecho, no hay nada más práctico que la sana doctrina.

Demasiados cristianos ven a la doctrina como teórica y embriagadora. Han tachado pasajes doctrinales como poco importantes, divisivos, amenazantes, o simplemente imprácticos. Acabo de leer uno de los libros cristianos más vendidos en el mercado cristiano, le advierte a los lectores que deben de estar en guardia vigilando a los predicadores cuyo énfasis está en la interpretación de la Escritura en lugar de su aplicación.

Espere un minuto. ¿Es eso un consejo sabio? No, no lo es.

No hay ningun peligro de doctrina irrelevante; la verdadera amenaza es un intento de abordar revelancia sin doctrina. La aplicación que no se basa en una sólida interpretación ha llevado a los cristianos a toda clase de confusión.

No hay ninguna disciplina más urgentemente necesaria en la iglesia contemporánea que la enseñanza bíblica expositiva. Demasiados han creído la mentira que la doctrina es algo abstracto y amenazante, que no guarda ninguna relación con la vida cotidiana.

Esta de moda sustituir la sustancia doctrinal por psicología y aplicación fácil, mientras se degrada el ministerio teológico y expositivo.

Pero el pastor que se aleja de predicar la sana doctrina abdica la responsabilidad primordial de un anciano: “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Titus 1:9).

Ejemplos practicos, tretas, e ilustraciones significan poco si no estan anexadas a principios divinos. No hay base para el comportamiento santificado aparte de la verdad de la Palabra de Dios.

Sólo hay tres opciones: Podemos enseñar la verdad, el error, o nada en absoluto.

Antes de que el predicador le pida a alguien desempeñar una tarea determinada, primero debe hacer frente a la doctrina. Debe desarrollar su mensaje en torno a temas teológicos y extraer los principios de los textos. Entonces la verdad puede ser aplicada.

Romanos proporciona el más claro ejemplo bíblico. Paul no ha dado ninguna exhortación hasta que habia dado once capítulos de teología.

Escalo alturas increíbles de la verdad, que culmino en 11:33-36: “Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !!Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”

Luego en el capítulo 12, giro inmediatamente a las consecuencias prácticas de la doctrina de los primeros 11 capítulos. No hay pasaje en la Escritura que capte la responsabilidad del cristiano a la verdad con más claridad que Romanos 12:1-2. Allí, construido sobre once capítulos de profunda doctrina, Pablo llama a cada creyente a un supremo acto de alabanza espiritual -presentarse a sí mismo como sacrificio vivo. La doctrina da lugar a la dedicación a Cristo, el mayor acto práctico. Y lo que resta del libro de Romanos continua con la explicación de numerosas obras prácticas sobre la dedicación a Cristo de cada persona.

Pablo siguió el mismo patrón en Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, y 1 Tesalonicenses. El mensaje doctrinal llegó primero. Sobre esa base construyó la aplicación práctica, haciendo la conexión lógica con la palabra, por lo tanto, (Rom. 12:1; Gal. 5:1; Ef. 4:1; Fil. 2:1), o entonces (Col. 3:1 , 1 Tes. 4:1).

La doctrina verdadera transforma el comportamiento al mismo tiempo de que esta siendo tejida en la tela de la vida cotidiana. Pero debe de entenderse si va a tener impacto. El verdadero desafío del ministerio es dispensar la verdad de manera clara y precisa. Comparativamente, la aplicación práctica llega de manera fácil.

Ningun creyente puede aplicar la verdad que no conoce. Aquellos que no entienden lo que la Biblia realmente dice sobre el matrimonio, el divorcio, la familia, la crianza de los niños, disciplina, dinero, deuda, trabajo, servicio a Cristo, recompensa eterna, ayudar a los pobres, cuidar a las viudas, respetar el gobierno, y otros enseñanzas no van a tener la capacidad de aplicarla.

Los que no saben lo que la Biblia enseña acerca de la salvación no pueden ser salvos. Los que no saben lo que la Biblia enseña acerca de la santidad son incapaces de lidear con el pecado. Por lo tanto, no tienen la capacidad de llegar a tener por completo a sus propias bendiciones y la gloria de Dios.

El núcleo de todo lo que es realmente práctico está sembrada en la enseñanza de la Escritura. No hacemos la Biblia revelante; inherentemente lo es, simplemente porque es la Palabra de Dios. Y después de todo, ¿cómo puede cualquier cosa que diga Dios ser irrelevante?

– John MacArthur

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Fuente original en inglés: http://www.sfpulpit.com/2008/06/02/what-does-it-mean-to-me/#more-1306

  1. Álex Figueroa
    octubre 21, 2008 a las 11:18 pm

    Excelente entrada, muy acertada por lo demás. El relativismo y el pragmatismo han llevado a despreciar las verdades doctrinales elementales, tildándolas de “divisionistas” o incluso “legalistas”, ignorando que una de las formas más seguras de llevar a la ruina una Iglesia es por la ausencia de sana doctrina.

    Agradezco al Señor por haber puesto en nosotros el amor por el evangelio y el celo por su correcta predicación.

    Dios te bendiga grandemente, y su Palabra more en abundancia en nosotros, en toda sabiduría y entendimiento espiritual.

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