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Necesitamos hombres de Dios de nuevo – A. W. Tozer

La Iglesia en este momento necesita hombres, la categoría correcta de hombres, hombres valientes. La platica es que necesitamos avivamiento, que necesitamos un nuevo [movimiento] del Espíritu – y Dios sabe que debemos tener ambos; pero Dios no revivirá “ratones”. Él no va a llenar “conejos” con el Espíritu Santo.

Estamos languideciendo por hombres que se sienten prescindibles en la guerra del alma, alguien que no tenga miedo de las amenazas de muerte porque ya han muerto a los encantos de este mundo. Tales hombres serán libres de las compulsiones que controlan a los hombres más débiles. Ellos no se verán obligados a hacer cosas por circunstancias apremiantes; su única inclinación vendrá desde dentro – o desde arriba.

Este tipo de libertad es necesaria si queremos tener [predicadores poderosos] en nuestros púlpitos de nuevo en lugar de tener mascotas. Estos hombres libres van a servir a Dios y a la humanidad partiendo de motivos demasiado elevados para ser entendidos por el rango y fila de retenedores religiosos quienes hoy transbordan dentro y fuera del santuario. Ellos no toman decisiones por miedo, no toman ninguna decisión para agradar, no aceptan el servicio por motivos financieros, no realizan un acto religioso por mera costumbre, ni se permiten ser influenciados por el amor a la publicidad o el deseo por una reputación.

Mucho de lo que la iglesia – incluso la iglesia evangélica – está haciendo en estos días, lo está haciendo porque tiene miedo de no hacerlo. Asociaciones ministeriales asumen proyectos porque son amedrentadas a hacerlos. Sea lo sea lo que crean, el temor los lleva a hacerlo, y lo van a ir presentando un lunes por la mañana con un celo falso y un acto fingido de santidad. La presión de la opinión pública manda llamar a estos profetas, no la voz de Jehová.

La verdadera iglesia nunca ha quitado las expectativas del público antes de lanzar sus cruzadas. Sus dirigentes escucharon de Dios y siguieron adelante totalmente independiente del apoyo popular o la falta de ello. Ellos sabían cual era la voluntad del Señor y lo hicieron, y su pueblo los siguieron – a veces al triunfo, con mayor frecuencia a los insultos y persecución pública – y su recompensa suficiente fue la satisfacción de estar en lo correcto en un mundo equivocado.

Otra característica del verdadero [el hombre de Dios], ha sido el amor. El hombre libre que ha aprendido a escuchar la voz de Dios y se atrevió a obedecer, ha sentido la carga moral que rompió los corazones de los profetas del Antiguo Testamento, lo que aplastó el alma de nuestro Señor Jesucristo y estrujo arroyos de lágrimas de los ojos de los apóstoles.

El hombre libre nunca ha sido un tirano religioso, ni ha buscado enseñoriarse sobre la herencia de Dios. Es el miedo y la falta de seguridad propia lo que ha llevado a los hombres a tratar de aplastar a otros bajo sus pies. Han tenido cierto interés de proteger, alguna posición que asegurar, por lo que han exigido sujeción de parte de sus seguidores como una garantía de su propia seguridad. Pero el hombre libre – nunca. Él no tiene nada que proteger, ninguna ambición que perseguir y ningun enemigo que temer. Por esa razón se despreocupa de su posición entre los hombres. Si ellos lo siguen, que bueno; si no, no pierde nada que aprecie; si es aceptado o es rechazado, el seguirá amando a su gente con devoción sincera. Y sólo la muerte puede silenciar su oferta de intercesión por ellos.

Sí, si el cristianismo evangélico ha de permanecer con vida, debe tener hombres de nuevo, la categoría correcta de hombres. Ella debe repudiar los débiles que no se atreven a hablar, y ella debe buscar en oración y mucha humildad el regreso de hombres firmes con características de profetas y mártires. Dios escuchará el clamor de su pueblo como él escuchó el clamor de Israel en Egipto. Y Él enviará liberación a través de libertadores. Es Su manera entre los hombres.

Y cuando vengan los libertadores. . . serán hombres de Dios y hombres de valentía. Tendrán a Dios de su lado porque van a tener cuidado de permanecer en el lado de Dios. Ellos serán los compañeros de trabajo de Cristo y los instrumentos en la mano del Espíritu Santo. . . .

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Fuente original en inglés: Thoughts on the Way Blog. We need men of God again.

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