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Las 10 Acusaciones – Paul Washer (3° Acusación)

*** Novedad: El PDF del transcrito elaborado por 5 Solas esta aquí . ***
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La tercera acusación: un fracaso para confrontar la enfermedad del hombre.

Cuando veo el libro de Romanos, -que es uno de mis libros favoritos de la Biblia-, no es una teología sistemática, pero si puede decir que algún libro en la Biblia contiene teología sistemática, el libro de Romanos sería el más cercano. ¿No es sorprendente que Pablo se haya tomado los primeros tres capítulos de ese libro buscando hacer una sola cosa? Llevar a todos los hombres a la condenación. Llevar a todo hombre a la condenación.

Pero no es que la condenación sea su gran sunum bonum en su teología. No es su fin, o su objetivo final. Es el medio para traer salvación a sus lectores, porque los hombres deben de ser llevados al conocimiento de sí mismos antes de entregarse a Dios. Los hombres están hechos de una manera tan caída ahora que se debe cortar absolutamente toda esperanza en la carne antes de que sean llevados a Dios.

Es tan importante en todo, pero es especialmente importante en la evangelización. Recuerdo, esto fue… Tenía 21 años y acababa de ser llamado a predicar y entre a una tienda vieja donde se le vendían trajes a los ministros por la mitad de precio. Ellos lo habían estado haciendo por 50, 60 años. Entre allí. Estaba buscando un traje en Paducah, Kentucky. De pronto la puerta se abrió. Escuche una campana sonar. Se cerró [la puerta]. Estaba un hombre muy, muy viejo de pie. Nunca supe su nombre, pero cuando caminaba, se me quedaba viendo.

Me pregunto: “Muchacho, has sido llamado a predicar, ¿verdad?
Le respondí: “Sí, señor.”
Era un evangelista, muy, muy viejo. Me pregunto, “¿Ves ese edificio que está justo afuera de este edificio?”
Le conteste: “Sí.”
Me dijo, “Yo solía predicar allí. El Espíritu de Dios descendía y se salvaban las almas”.
Le conteste: “Señor, por favor platíqueme acerca de eso”.
Me dijo, “No hay nada como esto que esta sucediendo en el la evangelismo ahora en día.” Continuo diciendo, “Nosotros predicábamos por dos y tres semanas, y no dábamos ninguna invitación a hombres pecadores. Arábamos y arábamos, y arábamos y arábamos el corazón de los hombres hasta que el Espíritu de Dios comenzó a trabajar y quebrantar sus corazones.”
Le pregunte: “Señor, ¿cómo supo cuándo el Espíritu de Dios estaba descendiendo a quebrantar sus corazones?”
Y él respondió: “Bueno, déjame darte un ejemplo.” Continuo diciendo, “Hace muchas décadas entre a esta tienda a comprar un traje. Alguien me había entregado 30 dólares y me dijo, ‘Predicador, vaya a comprar un traje mañana.’ Y cuando entre por la puerta, un joven que cuidaba el negocio se dio la vuelta y me vio, y cuando me vio, se puso de rodillas y clamo, ‘¿Quién puede salvar a un hombre impío como yo?’ Y yo sabía que el Espíritu de Dios había descendido sobre el lugar”.

Ahora solo entramos y hablamos con ellos, les damos tres preguntas exploratorias, y les preguntamos si quieren orar una oración y pedirle a Jesús que entren en su corazón, y luego hacemos de esa persona un hijo del infierno de nuevo que nunca volverá a estar abierto al Evangelio por la mentira religiosa que nosotros, como evangélicos, hemos arrojado de nuestras bocas.

Voy a decir algo que Leonard Ravenhill solía decir. “Ahora entiende por qué predico en muchos lugares solo una vez.” Pero es la verdad.

Cuando tratamos al pecado de manera superficial, en primer lugar, estamos luchando contra el Espíritu Santo. “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” 9

Hay predicadores muy populares hoy en día que están más preocupados por darles “su mejor vida ahora”, que por la eternidad. Y luego presumen del hecho de que no mencionan el pecado en sus predicaciones. Les puedo decir esto. El Espíritu Santo no tiene nada que ver con sus ministerios al menos de este trabajando contra ellos! Eso sería el único motivo.

¿Por qué? Cuando un hombre dice que no tiene ningún ministerio tratando con el pecado de los hombres, el Espíritu Santo sí lo tiene. Es el ministerio principal del Espíritu Santo venir y traer convicción al mundo de su pecado. Entonces sepan esto. Cuando no se ocupan específicamente, con pasión y con amor, de los hombres y su condición depravada, el Espíritu Santo no esta, en lo absoluto, cerca de ustedes.

También somos engañadores cuando tratamos con ligereza la enfermedad de los hombres, como los pastores en los días del profeta Jeremías. “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.” 10

No sólo somos engañadores, pero también somos inmorales, como un médico que niega su juramento Hipocrático porque no quiere darle a alguien la mala noticia porque piensa que esa persona se va a enojar con él; que estará muy enojado con él; que va a estar triste, y entonces no les da la noticia que más necesita para salvar su vida.

He escuchado predicadores de hoy en día decir, ellos dicen, “No. No, no, no, no. Usted no entiende, hermano Pablo. Nosotros no somos como la gente que vivia en los días de Juan y Carlos Wesley. No somos como la cultura a la que Whitefield o Edwards se dirigió. No somos tan fuertes como ellos fueron. Nosotros estamos rotos. No tenemos tanto autoestima como ellos. Somos débiles. No podemos soportar ese tipo de predicaciones”.

Escúchenme. ¿Alguna vez han estudiado la vida de esos hombres? Lo que ellos predicaron en su cultura tampoco podían soportarlo. Nadie ha sido capaz de soportar la predicación del Evangelio. Se irán en contra del Evangelio con la fiereza de un animal, o sí se convertirán!

Y luego que les digan que nosotros somos más débiles y que no tenemos autoestima. Nuestro país, y este mundo, está invadido con esta enfermedad repugnante de la autoestima. Nuestro mayor problema es que estimamos más a nosotros mismos que lo que estimamos a Dios.

También somos ladrones cuando no hablamos mucho sobre el pecado. Somos ladrones.

Déjenme hacerles una pregunta. Esta tarde, esta mañana, a donde se fueron todas las estrellas? Vino algún gigante cósmico con una canasta, las recogió, las metió a la canasta y se las llevo a otro lugar? A dónde se fueron las estrellas esta mañana? Estaban allí, pero no podían verlas. Pero luego, el cielo se hacia más oscuro, y más oscuro, y más oscuro, y al oscurecerse totalmente la noche, las estrellas salieron en la plenitud de su gloria.
Cuando se niegan a enseñar sobre la depravación radical de los hombres, es imposible que puedan traerle gloria a Dios, Su Cristo y Su cruz, porque la cruz de Jesucristo, y la gloria de ello, se magnifica aun más cuando se coloca delante del telón de nuestra depravación.

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.” 11

Oh, tenemos miedo de hablarles a los hombres de su maldad, y ellos nunca podrían amar a Dios por esa razon. Les hemos robado la oportunidad de gloriarse, no de sí mismos, pero de seguir la amonestación, “El que se gloría, gloríese en el Señor.” 12

– (Aquí termina 4° parte de traducción) –

Nota:

– (9) – Ver Juan 16:8
– (10) – Ver Jeremías 6:14
– (11) – Ver Lucas 7:47
– (12) – Ver 1 Corintios 1:31

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Fuente original en inglés: Ten Indictments. Sermon predicado por Paul Washer. http://www.tenindictments.com.

  1. marcos espinoza
    enero 23, 2009 a las 4:01 pm

    paz hermano sin
    duda vemos un evangelio adulterado..
    llego de falsas doctrinas
    diciendo paz paz y no hay paz..
    haciendolos doble mente hijos del infierno
    dios siga levanto sus atalayas sin temor..
    exortando y poniendo en alto su bandera y confrontado la gente que su pecado lo alcazara si no se vuelven a dios..

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