Inicio > Enseñanza Biblica, Spurgeon > Debemos arrojarlos. – Spurgeon

Debemos arrojarlos. – Spurgeon

“Porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.” – Josué 17: 18.

……………………………………….

“DEBEMOS ARROJARLOS. Es un mandamiento de Dios: “Arrojarás al cananeo.” Cada pecado tiene que ser eliminado sin piedad. Ni un solo pecado debe ser tolerado. ¡Debemos cortarles las cabezas! ¡Hundan la espada en sus corazones! Todos deben morir. No puede ser perdonado ni uno solo de ellos. Toda esa raza tiene que ser exterminada, y enterrada a tal profundidad que no se pueda encontrar ni un solo hueso. Aquí tenemos una tarea digna de todo el valor de la fe y el poder del amor.

Todos deben ser arrojados, pues, cada pecado es nuestro enemigo. Espero que no tengamos enemigos en este mundo entre nuestros prójimos. Se requieren dos personas para tener una riña; y si no queremos reñir, no habrá contienda. No debemos ofender ni ser ofendidos; sino que, de ser posible, en la medida que nos corresponda, debemos vivir pacíficamente con todos los hombres. Confío que hayamos perdonado a todos los que nos han perjudicado alguna vez, y que anhelemos ser perdonados por todos aquellos a quienes hemos dañado.

Pero cada pecado, cada maldad, del tipo que sea, son nuestros verdaderos enemigos, contra los que debemos luchar hasta el último extremo. No pueden decirle a algún pecado: “tienes permiso de morar en mi corazón y ser mi amigo.” No puede ser tu amigo: el mal es nuestro enemigo natural e inevitable, y debemos tratarlo como tal. La simiente de la mujer no encontrará nunca a un amigo en la simiente de la serpiente, como tampoco Eva encontró un amigo en la serpiente que la engañó. Cualquier pretensión de amistad con la iniquidad es perjudicial. Si eres amigo del pecado, no eres amigo de Dios. Todos los tipos de pecados son nuestros enemigos, y debemos odiarlos con toda el alma.

Si puedes decir de cualquier pecado: “yo no lo odio,” entonces debes cuestionarte muy seriamente si has nacido de nuevo jamás. Una de las señales de un hijo de Dios es que, aunque peca, no ama al pecado. Puede caer en pecado, pero él es como una oveja que, si tropieza en el lodo, rápidamente se levanta, pues odia el fango.

La puerca se revuelca donde la oveja está angustiada. Ahora, nosotros no somos el cerdo que ama el lodazal, aunque somos como ovejas que a veces resbalan por sus patas. ¡Pluguiera a Dios que nunca resbaláramos! ¡Qué miseria tan grande es el pecado para nosotros! La impiedad es el peor de los males para el hombre piadoso. Que el Señor nos mande todas las aflicciones que quiera: pero si Él impide que caigamos en pecado, la mayor de nuestras penas se habrá alejado.

Cada pecado nos odia, y nosotros odiamos a cada pecado. No hay pecado, queridos amigos, que pueda beneficiarles de alguna manera; sino que los dañará seriamente y los estorbará. El pecado es ese viento pernicioso que no sopla ningún bien para nadie. No hay ninguna belleza en el pecado. No hay ningún consuelo en el pecado. No hay ninguna fuerza en el pecado. No hay absolutamente nada bueno en el pecado. Desde su coronilla hasta la planta del pie, está lleno de magulladuras y de llagas putrefactas.

No hay nada que podamos decir a favor suyo; y estoy seguro que ningún heredero del cielo apoyaría su causa o argumentaría en pro de él. Tú odias el pecado y el pecado te odia a ti. Te hará todo el daño que pueda; nunca estará satisfecho con el perjuicio que ha obrado en ti. Tratará de conducirte más adentro y más adentro del peligro, y terminará por arrastrarte al infierno. El pecado quiere destruirte por completo, si pudiera, y ciertamente podría y lo haría, si la gracia de Dios no lo previniera.

Proclama, entonces, una guerra sin cuartel contra todo pecado. Proclama: “¡guerra a muerte contra el pecado!” Los cananeos combaten contra ti; cuídate tú también de luchar en su contra. ¡Levanta el estandarte teñido con sangre! Saca tu espada y no la envaines de nuevo. Mientras el pecado permanezca en nuestros corazones, o en nuestras vidas, o en el mundo, debe ser combatido hasta su muerte.” – Charles Spurgeon

………………………………….

Lean todo el sermon aquí.

No se lo pierdan.

………………………………….
Fuente original: www.spurgeon.com.mx. Arrojando al Cananeo y Sus Carros Herrados. Sermon no. 2049.

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: